Cultivar el espíritu investigativo, una tarea apremiante en los estudios sobre el aguacate

Dra. Gloria Cañas Gutiérrez
Investigadora de la Unidad de Fitosanidad y Control Biológico de la CIB

Para Gloria Cañas Gutiérrez, doctora en Ciencias Agrarias de la Universidad Nacional de Colombia e investigadora de la Unidad de Fitosanidad y Control Biológico de la CIB, el análisis de los recursos genéticos del aguacate es de suma importancia para el desarrollo de la agricultura. Parte de sus investigaciones han estado orientadas al estudio de la diversidad genética de los cultivos criollos de la fruta en Antioquia y otros departamentos del país para la búsqueda de materiales promisorios como portainjertos. Estos recursos, aparte de tener un uso actual y potencial, constituyen la materia prima de los agricultores y fitomejoradores que buscan aumentar la productividad y la calidad de su cosecha.  

Su inmersión al mundo de la palta, como también es conocido este fruto exótico, le ha traído experiencias memorables: en su trabajo de campo no solo ha tenido la posibilidad de contemplar pintorescos paisajes de diferentes zonas del país, también de conocer productores e investigadores de diversas partes del mundo. Aunque la Dra. Gloria Cañas Gutiérrez culminó su bachillerato y se inclinó por las ciencias de la salud al estudiar inicialmente nutrición y dietética, encontró en la ingeniería agronómica no solo un aporte para el sustento de su familia que se dedicaba a las labores del campo, también la satisfacción de cumplir con un sueño que empezó a gestarse desde la infancia. “Desde niña sentí gran atracción por la naturaleza, era aficionada a los programas de televisión del canal Discovery, en especial aquellos donde trataban temas relacionados con el ADN y toda la información que se podía obtener a partir de él. Esto, sin duda, despertó una pasión por las ciencias biológicas”, expresa.

Desde que comenzó a estudiar ingeniería agronómica en la Universidad de Caldas tuvo muy clara su orientación hacia la investigación, recuerda que sus materias favoritas fueron fitopatología, genética y mejoramiento genético. “Cuando los profesores hablaban de la aplicación de la biotecnología en estas áreas, yo soñaba con trabajar estos temas. Lo más gratificante para mí es que hoy trabajo en el área que siempre quise, no todos los profesionales cuentan con esa oportunidad”, cuenta con satisfacción. La Dra. Gloria Cañas Gutiérrez se vinculó a la CIB en el año 2002, su primer contacto con la Corporación fue a través de los libros del fondo editorial cuando era estudiante de nutrición y dietética. Unos libros que, según su apreciación, eran de obligada consulta para todos los universitarios.

Un día, al tener una salida de campo al Departamento de Antioquia, visitó la CIB y no solo descubrió dónde se producían aquellas obras que alguna vez contempló, también un lugar donde era posible trabajar con aquello que le apasionaba tanto. “Cuando me gradué, emprendí mi sueño de ser investigadora y viajé desde el Eje Cafetero hacia Medellín a realizar una maestría en Biotecnología en la Universidad Nacional de Colombia, allí conocí al Dr. Rafael Arango, en esa época era director de la maestría y Coordinador del grupo de Biotecnología Vegetal de la CIB. No contaba con un trabajo de tesis, el profesor Arango me propuso un tema de investigación y presentamos un proyecto a Colciencias”, narra.

Esto ocurrió en el año 2002, desde ese año la CIB se ha convertido en su segundo hogar, el sitio donde he adquirido toda su experiencia profesional y donde ha logrado formarse como investigadora y doctora en ciencias agrarias. Durante los años 2012 y 2013 tuvo la oportunidad de trabajar en una entidad gubernamental y aunque fue una experiencia enriquecedora, regresó de nuevo a la CIB en el 2014 a seguir investigando, a seguir tejiendo su sueño.

Elaborado por: Andrea Martínez

El conocimiento, una luz que ilumina el verdadero camino del hombre

Dr. Rafael Arango – Líder de la Unidad de Biotecnología Vegetal

El nacimiento de la Unidad de Biotecnología Vegetal se remonta a 1995, año en el que el Dr. William Rojas, exdirector general y científico de la CIB, le propuso al Dr. Rafael Arango después de su instancia postdoctoral en Suiza, trabajar con plantas transgénicas. La confluencia de sus intereses permitió hacer cultivos y ejercer control frente a la Sigatoka negra, una enfermedad producida por el hongo Mycosphaerella fijiensis que produce enormes pérdidas en las plantaciones de plátano y banano. Con el transcurso de los años, las investigaciones del grupo también se han visto orientadas al trabajo con orquídeas en proyectos aplicados a cultivos vegetales para tratar de multiplicarlas, tanto por semillas como por multiplicación de meristemos, y de hacer diagnósticos rápidos de los virus que las afectan.  Quisimos acercarnos al Dr. Rafael Arango, líder de la Unidad, para reconstruir brevemente la historia visitando los parajes más recónditos de su memoria. Justo allí, al develar la cara más oculta, conocemos a un hombre amante de la fantasía y de la ciencia ficción. Un lector apasionado del escritor estadounidense Isaac Asimov.

¿En qué año ingresó a la Corporación?

Me gradué en 1985 como Médico Cirujano del CES. Recuerdo que establecí contacto con la Dra. Ángela Restrepo durante el último año de mi carrera, ya que hice una rotación en Micología. Realicé mi año rural en el Laboratorio de aquella misma Unidad y trabajé de 1986 a 1987 en la CIB, cuando aún estaba en el Hospital Pablo Tobón Uribe. Luego me fui a estudiar al exterior, hice un doctorado en Israel y un postdoctorado en Suiza.

¿Tenía algún referente de la Corporación antes de llegar a ella?

¡Eso fue hace tanto tiempo! Yo quería, sobre todo, trabajar en investigación. Me gustaba más la investigación que la práctica clínica, por esta razón fue que establecí el contacto con la Dra. Ángela Restrepo. En esa época había muy pocas instituciones en Colombia, particularmente en Medellín, que trabajaran en investigación a nivel de laboratorio.

La Dra. Ángela no solo goza de un estatus científico admirable, también es destacable su lado más afectivo. Muchos investigadores valoran la familiaridad y los buenos tratos con su equipo, ¿tiene alguna anécdota en particular? ¡También podemos apelar a la ocurrencia! 

No tengo una anécdota en particular, pero recuerdo que cuando trabajé en el laboratorio casi todas las que trabajaban allí eran mujeres. La Dra. Ángela Restrepo entraba al laboratorio y decía: “¿Qué hubo, niñas? ¿Cómo están?” ¡Yo al final ya me sentía involucrado en el saludo! Es cierto, ella establecía lazos afectivos con toda la gente.

¿Cómo acude al nacimiento de la Unidad de Biotecnología Vegetal? ¿Podríamos remontarnos a la década del noventa?

Hice el doctorado en Israel, después un postdoctorado en Suiza por dos años. Sostuve un contacto permanente con la Dra. Ángela Restrepo y el Dr. William Rojas. Él me escribió cuando yo estaba haciendo el posdoctorado, me dijo que él quería que yo volviera, estaba muy interesado en impulsar la parte de biotecnología en la CIB, y tenía nexos con el sector bananero. Él fue el que me propuso iniciar una unidad nueva trabajando con una enfermedad del banano que se llama la Sigatoka negra. Así fue como comenzó la unidad alrededor del año 1995.

En esa época era realmente muy difícil conseguir una financiación para iniciar la unidad, el Dr. Rojas gestionó demasiado para comenzar a ganar puntos en el sector bananero, con Colciencias y con la Gobernación de Antioquia para poder montar el laboratorio. Cuando yo llegué a la CIB junto con mi esposa, quien es Bióloga, no había nada de la Unidad de Biotecnología Vegetal, nos tocó montar todo de cero prácticamente.   

La Unidad también se ha destacado por trabajar con algunos géneros de orquídeas, ¿podría describirme un poco en qué consisten estos estudios?

Pretendíamos analizar estrategias de conservación de orquídeas que fueran silvestres, la idea era utilizar cultivo de tejidos vegetales para conservarlas. Trabajamos especialmente con unas especies de orquídeas que se llaman Masdevallia, un género de orquídeas pequeñas, muy bonitas. Se hizo un invernadero por Piedras Blancas, allí se mantenían las orquídeas y se daban cursos a los campesinos para aprender a cultivarlas. La idea era que ellos mismos aprendieran y pudieran posteriormente obtener alguna entrada económica a través de esto.

¿Cuáles han sido los logros más significativos de la Unidad durante todo este tiempo?

Te puedo hablar de logros científicos: hemos determinado las bases moleculares de la resistencia del hongo Mycosphaerella fijiensis a los fungicidas químicos, lo cual es muy importante para el sector porque el hongo se va volviendo resistente al control que se hace, entonces es importante entender cómo se vuelve resistente. Esa es una de las cosas más importantes que hemos hecho. También hemos estudiado mucho el genoma del hongo, hicimos una publicación sobre este tema en específico con una descripción muy detallada.

Hemos analizado a profundidad la interacción planta-patógeno; es decir, cómo las plantas de banano se defienden del ataque del hongo. También desarrollamos unas variedades de plantas de papa transgénicas, resistentes al insecto Tecia Solanivora.

Las circunstancias actuales nos llevan a reflexionar sobre la importancia de la producción y circulación de conocimiento y sus múltiples beneficios al servicio del hombre, ¿qué opina de esto?

Es importante apostarle a la investigación porque en nuestra sociedad actual el conocimiento es lo que dicta todas las cosas y lo que nos da luz para seguir transitando por el camino, si no tenemos conocimiento de nada, estamos perdidos. La investigación lo que busca es eso: adquirir conocimiento para el beneficio del hombre, para entender la naturaleza también y aprender a convivir con ella.

Elaborado por: Andrea Martínez