Los libros y los encuentros avivan los sueños que encaminan nuestro destino

Los libros, aparte de saciar la inquietud por el conocimiento, permiten gratos encuentros donde es posible entretejer una valiosa amistad con el paso del tiempo. Hoy recordamos la historia de Sara Arroyave Herrera, estudiante de noveno grado del Colegio María Auxiliadora de Medellín, quien decidió enviar el año pasado un mensaje a nuestro correo institucional, después de conocer a la CIB a través de una referencia en uno de los tantos libros que intensifican su pasión por la ciencia. Este pequeño acto, que manifestó el deseo latente de un posible encuentro, quedó grabado en la memoria de cada uno de los integrantes de la Corporación que tuvieron mucho después la posibilidad de conocerla y admirar su sorprendente inteligencia.

 El ocho de agosto del 2019, programamos una visita y abrimos las puertas de la CIB para recibirla y brindarle un recorrido de la mano de los investigadores por cada uno de los laboratorios. Esta experiencia, inolvidable para nosotros, no solo nos hizo ser conscientes de nuestro propósito vital, “promover investigación sostenible al servicio de la vida”, también del papel que desempeñamos en la materialización de los sueños de una juventud que halla tempranamente su verdadera vocación sin dilaciones.

“Me explicaron en qué consistían los procesos muy detalladamente, vi a través del microscopio unas bacterias que estaban cultivando y me enseñaron a usar algunos implementos para poderlas manipular adecuadamente; aparte de esto, tuve la oportunidad de correr una muestra haciendo uso de la técnica PCR”, recuerda con emoción. Sara descubrió en su infancia un gusto particular por lo pequeño, por todo aquello que a simple vista no se puede percibir. A medida que fue creciendo, se dio a la tarea de investigar de manera independiente el mundo de los microorganismos y encontró en él un llamado pasional a la biología molecular, una carrera que visiona profesionalmente. 

A sus catorce años de edad, se destaca en el colegio gracias a su interés por la ciencia y al buen desempeño en la materia de biología. “De hecho me regalaron un microscopio profesional y desde entonces empecé a observar todo lo que era pequeño: sal, azúcar, pedazos de cebolla o de papel”, expresa. Sara es una lectora voraz que en su floreciente adolescencia encuentra en los libros algunos personajes históricos que hoy se convierten en una fuente de inspiración y un modelo a seguir: la química Rosalind Franklin, quien descubrió la estructura de doble hélice del ADN; y el físico Nicola Tesla, quien llevó a cabo numerosas invenciones en el campo del electromagnetismo. Permeados por la alegría de esta experiencia tan valiosa, que también nos permite recordar de manera fraternal los primeros encuentros con aquellos investigadores que alguna vez llegaron buscando albergar sus sueños en este espacio que hoy se ha convertido en su casa, consideramos pertinente preguntarle finalmente a Sara, nuestra amiga, qué opinión tiene acerca de la pandemia que hoy acecha al mundo, un tema que desde sus intereses puede despertar valiosas apreciaciones: “Opino que esto es muy grave, afecta muchas de las personas que no tienen muchas defensas, me parece muy mala la pandemia por esa parte. Pero también creo que al estar resguardados, permitimos darle un respiro al planeta, los niveles de contaminación han bajado”, comenta. 

Elaborado por: Andrea Martínez

Personajes CIB: El Dr. Juan Guillermo McEwen

En la fotografía, de izquierda a derecha, el Dr. Juan Guillermo Mcewen, el Dr. Rafael Arango y el Dr. Jaime Robledo.

El Dr. Juan Guillermo McEwen, quien dio inicio a la Unidad de Biología Celular y Molecular en 1991, no tiene certeza de la existencia de Dios ni de su no existencia. Como investigador, se preocupa por los asuntos terrenales. Dice ser católico no practicante, encontrando solo en la meditación la más profunda conexión con su espiritualidad. La religión se la concede a su hermano gemelo, monje de la Congregación de los Hermanos Maristas, quien trabajó varios años en África hasta el brote epidémico del Ébola que lo hizo residir en Beirut, capital de Líbano. “Mi hermano es el que reza por los dos”, expresa el Dr. McEwen.

Su vinculación a la Corporación se remonta al año 1980, cuando la CIB desarrollaba sus actividades en el octavo piso del Hospital Pablo Tobón Uribe. Siendo estudiante de sexto semestre de Medicina de la Universidad Pontificia Bolivariana de Medellín, participó en el Club de Revistas de Inmunología del Dr. William Rojas, uno de los más prestigiosos médicos internista de la ciudad, futuro director general y científico de la CIB. El Club de Revistas se reunía para entonces en la oficina de la Dra. Ángela Restrepo, un espacio que contaba con una valiosa colección de libros de microbiología que el Dr. McEwen revisaba después de las reuniones. La invitación por parte de la doctora a trabajar en el laboratorio como estudiante, fue el comienzo de una historia cuya temporalidad se extiende hoy por cuatro décadas.

Consagró su tiempo a trabajar en la CIB toda la semana con solicitud desmedida, involucrándose cada vez más hasta formalizar tres meses de internado y un año de práctica rural. Durante ocho meses, además, estuvo de intercambio en la Universidad de Stanford en California, una de las diez mejores universidades del mundo. El trabajo exhaustivo que le demandó el estudio del hongo Paracoccidiodes spp. dio como resultado su primera publicación en dicho campo. Sin perder contacto con la CIB, en 1986 viajó finalmente a Medio Oriente a realizar estudios de doctorado en Biología Molecular en el Instituto Weizmann de la ciudad de Rejovot. “La mayoría de nosotros salió a hacer su doctorado y regresó en la década de los noventa, en ese tiempo no había doctorados de ciencias básicas o médicas en Colombia”, recuerda el Dr. McEwen.

En 1991 regresó al país y empezó a trabajar con la Dra. Ángela Restrepo en la búsqueda del hábitat del hongo Paracoccidiodes spp. usando PCR (Polymerase Chanin Reaction), lo que posibilitó encontrar novedades en el aprendizaje de técnicas para clonar genes que fueron útiles para el diagnóstico de esta micosis. La historia seguía su curso y el Dr. McEwen asistió al nacimiento de la Unidad de Biología Celular y Molecular, la cual dirigió por 27 años. La primera integrante del grupo fue la microbióloga Ana María García.

En 1994 ingresó el Dr. Dagnover Aristizábal, quien comenzó la línea de Cardiología Molecular con énfasis en el estudio de la Hipertensión Arterial Esencial (HTA). De igual modo, en 1996 el Dr. Juan Manuel Anaya creó la sección de Reumatología para estudiar particularmente el Síndrome de Sjögren, la Artritis reumatoidea y el Lupus eritematoso; en el 2003 se fusionó con la Unidad de Biología Molecular pasando a llamarse Unidad de Biología Celular e Inmunogenética, hasta que el Dr. Anaya se trasladó a Bogotá para trabajar en la Universidad del Rosario. En el 2010 El Dr. Oliver K. Clay se vinculó a la Unidad y conformó la línea de Bioinformática que ha sido muy exitosa, destacándose tanto a nivel de publicaciones como en la formación de estudiantes.

En el 2019, finalmente, la dirección pasó al Dr. Orville Hernández, investigador de la Unidad cuya formación tuvo cabida en el grupo durante varios años como estudiante. El grupo se ha destacado hasta hoy en la tecnología de manipulación de genes, ha sido desde sus inicios de gran importancia para las demás unidades al desarrollar muchas de las técnicas moleculares y ha incentivado la formación de múltiples investigadores tanto en doctorado como en maestría.

Cuarenta años de recorrido en la CIB le han permito al Dr. McEwen testimoniar profundas crisis económicas, que por fortuna han podido subsanarse. Recuerda la crisis de 1995 que surgió justo después de la construcción de la nueva sede, en donde la CIB adeudaba a diferentes entidades financieras alrededor de mil cuatrocientos millones de pesos. Manifiesta con entusiasmo que la mayor parte de la camada de investigadores que empezó en los años ochenta, fueron alumnos de la escuela de la Dra. Ángela Restrepo y del Dr. William Rojas. La Dra. Ángela Restrepo trabajó los primeros cuatro años sin ningún salario, concentrando todos sus esfuerzos en tratar de sostener el laboratorio; por otra parte, el Dr. William Rojas cerró su consultorio en la crisis de 1995 para ponerse a la cabeza de la CIB, dedicándose exclusivamente a la dirección de la Corporación y el Fondo Editorial para tratar de sacar la Corporación de aquellos tiempos tan amenazantes y oscuros.

“Los que fuimos llegando aprendimos de esa escuela tratando de hacer investigación con dificultades, muchas veces con las uñas; aunque fuera muy poco, tratábamos de ir avanzando. Esa escuela fue muy importante, es una impronta que tenemos y que hemos mantenido, un sentido de pertenencia por la institución donde lo importante realmente ha sido mantener ese sueño de la Dra. Ángela Restrepo, que por más de cuarenta años fue el alma de la institución”, señala.

Si se decide pasar la hoja para encontrar historias más amables, de las ocurrencias de años pasados ha quedado en su memoria anécdotas con la Dra. Ángela Restrepo, a quien aún considera como una madre tanto en el aspecto personal como académico. “La preocupación de una mamá es conseguirle una buena novia a sus hijos, de cierta forma tenía una actitud muy casamentera. Recuerdo que cuando empecé de estudiante en la CIB, más los dos años siguientes que me quedé como investigador en su grupo, trataba de buscarme todas las posibles candidatas. En ese momento había tomado la decisión de hacer un doctorado e iba a ser casi imposible si me involucraba afectivamente, entonces me decía que yo era muy liso”, cuenta en medio de la risa.

Si nos adentramos en la vida íntima del Dr. McEwen, encontramos que tiene interés por muchas otras áreas. Manifiesta que lee con fervor historia, novelas históricas, novelas de suspenso y ciencia ficción. En su tiempo libre cocina y, al igual que el Dr. Jaime Robledo, hace cerveza. En sus tiempos de juventud escalaba tanto en hielo como en roca, durante su viaje a Israel escaló paredes que están entre los ochocientos y los mil metros de altura, entre esas las del Sinaí, lugar célebre por sus referencias en escritos bíblicos. En su oficina no solo descansan libros académicos, una secreta colección de más de sesenta mil audiobooks lo acompañan para convertir el tiempo libre en ocio, anota que puede escuchar de dos a tres libros por semana gracias a los trancones de la ciudad. “Voy a necesitar varias reencarnaciones para escucharlos todos”, agrega concluyendo la conversación.

Elaborado por: Andrea Martínez

Personajes CIB: la Dra. Gloria Mejía

“El verdadero lugar de nacimiento es aquel donde por primera vez nos miramos con una mirada inteligente, mis primeras patrias fueron los libros”, expresa el emperador romano Publio Elio Adriano, del siglo II a.C., uno de los últimos espíritus libres de la antigüedad cuya voz nos llega como un eco a través de las famosas Memorias de Adriano,publicadas en 1951 por la novelista belga Margarite Yourcenar.

Hoy la Dra. Gloria Mejía, de la Unidad de Bacteriología y Micobacterias, consagra gran parte de su tiempo a la lectura y al estudio minucioso del hombre en diferentes culturas, de allí su interés por la novela histórica. Margarite Yourcenar, Thomas Mann y Julia Navarro son algunos de los autores que han pasado por sus manos, a quienes comparte con deleite en cálidas conversaciones que sostiene con las compañeras que aún conserva del Colegio Inmaculada Auxiliadora. Largas filas de libros a la espera de ser gustosamente leídos esperan pacientemente, mientras dedica otra parte de su tiempo a cultivar el amor por sus nietos y a trabajar sagradamente los miércoles en la CIB.

Su historia se entreteje con la Corporación cuando a principios de 1979 —faltando tres meses para dar por terminada su práctica rural en Arboletes como licenciada en Bacteriología y laboratorio clínico— recibe la llamada del Dr. Hugo Trujillo Soto, fundador de la Unidad, médico egresado de la Universidad de Antioquia especializado en Infectología pediátrica en la Universidad de Tulane, quien le extiende una invitación para vincularse. Al llegar al laboratorio, ubicado para entonces en el octavo piso del Hospital Pablo Tobón Uribe, percibe un ambiente familiar al encontrarse con la Dra. Ángela Restrepo, docente de la Universidad de Antioquia con quien había hecho rotaciones en el área de Micología; y a sus compañeras de estudio, la Dra. Beatriz Jiménez y la Dra. Luz Elena Cano. 

Sus primeros trabajos estuvieron encaminados al estudio de antibióticos nuevos para el tratamiento de enfermedades graves en niños, justo en una época donde el laboratorio empezó a convertirse en un modelo. “Nuestro laboratorio empezó a ser un referente en micobacterias, en bacteriología de anaerobios y en la identificación de bacterias de diagnóstico que daba mucha dificultad en laboratorios de rutina, así que fuimos los primeros en incentivarlo. Nuestra especialidad fue en pruebas de susceptibilidad, inicialmente manejábamos los antibióticos nuevos con las bacterias de la comunidad nuestra analizando si eran sensibles o resistentes”, expresa con emoción. 

41 años de trabajo constante vividos con entusiasmo le han permitido visualizar cada uno de los cambios y relatarlos de manera íntima y personal. “Implementamos el Sistema de la capa delgada, como solemos llamarlo aquí, para el diagnóstico rápido de la infección por Mycobacterium tuberculosis o micobacterias no tuberculosas. Me tocó el diagnóstico de micobacterias desde que se hacía con la técnica Ziehl-Neelsen, donde el cultivo se podía demorar hasta ocho semanas; y el diagnóstico que es posible hacerlo hoy en dos horas, gracias a las pruebas moleculares”. 

Señala, además, que aunque ahora existe mucha competencia debido a la tecnología que permite realizar rápidamente el diagnóstico de estas infecciones, la CIB sigue siendo un referente. “Fuimos los primeros en Colombia en utilizar el sistema MGIT, el cultivo en medio líquido que nos da el crecimiento de la micobacteria mucho más rápido que si se hiciera solamente en un medio sólido. Llevamos veinte años usándolo, ahora —según las políticas nacionales e internacionales— lo están implementando como una necesidad porque es mucho más sensible que los medios tradicionales a base de huevo donde la micobacteria crece mucho más lenta”, explica.

Durante todo este trasegar, la Dra. Gloria Mejía no solo acudió al nacimiento y fortalecimiento de su Unidad, también a la expansión paulatina del Hospital Pablo Tobón Uribe que finalmente obligó a la Junta Directiva de la CIB a buscar una sede propia, un sueño distante pero que se materializó por fin ante sus ojos. “Estábamos muy hacinados, éramos varios grupos. La CIB empezó solamente con el grupo de Micología de la Dra. Ángela Restrepo, después empezó el Dr. Hugo Trujillo con Bacteriología, posteriormente el Dr. Rojas con Control biológico y el Dr. Marco Restrepo con Inmunología y parasitología, quien migró finalmente al Instituto de Medicina Tropical. Con el tiempo, la Unidad se fusionó y la llamamos Bacteriología y Micobacterias porque ya nos habíamos especializamos en esa área”, aclara.

En cuatro décadas de historia, una anécdota chistosa sobrevive a su memoria. Cuenta que durante las investigaciones que se realizaron en las instalaciones del Hospital Pablo Tobón Uribe, con compañeras que tenían alrededor de 22 o 23 años de edad para entonces, recibía llamadas de su novio en el único teléfono que había y que estaba ubicado justamente en el escritorio de la Dra. Restrepo, cómplice de todas aquellas incipientes historias de amor, pues se sabía de memoria los nombres de cada uno de los jóvenes. Recuerda que para las llamadas importantes utilizaban otro teléfono ubicado en el cuarto de los internos de medicina para no tener que hablar en clave delante de la doctora. “Una vez la doctora me dijo: ¡Por ahí la llamo otro, pero ese no era Jorge!”, manifiesta entre risas trayendo a colación el episodio, precisando que se casó con el novio de toda la vida.

La Dra. Gloria Mejía, después de sobrevivir a crisis profundas que atentaron años atrás contra el normal funcionamiento de nuestra Corporación —y aún en medio de la lucha continua por un mayor presupuesto para el desarrollo y la sostenibilidad de la ciencia en el país— resalta la familiaridad con la que trabajó de la mano de grandes maestros, cuyo prestigio no solo se cimentó en su profesionalismo, también en su ética y en la preocupación constante por el otro por encima de todo interés económico. “La realidad será lo que seamos capaces de construir”, así lo advierte la española Julia Navarro, una de sus escritoras favoritas, cuya frase bien podría adaptarse a los significativos esfuerzos que la Corporación ha tenido en su historia vital para dar un paso de la utopía a la visualización de un mundo real donde la ciencia ha estado siempre al servicio de la vida.

Elaborado por: Andrea Martínez

Personajes CIB: El Dr. Jaime Robledo

El doctor Jaime Robledo, jefe de la Unidad de Bacteriología y Microbacterias de la CIB, lleva 43 años en la Corporación cultivando una significativa trayectoria académica. A finales de los años setenta, siendo un estudiante de cuarto semestre de la UPB explorando caminos posibles, llegó al Hospital Pablo Tobón Uribe donde recién estaba instalada la CIB incentivando proyectos de investigación. El encuentro con la doctora Ángela Restrepo, directora general y científica, definió gran parte de su historia vital. La CIB, un espacio que siempre ha habitado con sentido de pertenencia tiene hoy la esencia de noción de casa, una casa edificada con el más fiel de los propósitos: la formación continua de estudiantes aún en medio de un panorama desalentador para el desarrollo de la investigación en el país; una labor compleja, pero con un retorno importante.

“Es una apuesta por el conocimiento, el conocimiento te da capacidad de entender e interpretar la realidad o de idear nuevas realidades”, expresa el doctor Robledo en su oficina, donde sobresalen sus libros y tres imágenes curiosas para el transeúnte que pasa esporádicamente a saludar: Albert Einstein, Louis Pasteur y Martin Luther King con la célebre frase “I have a dream”.

En esta casa donde se han enraizado los recuerdos, escenas de la cotidianidad con sus practicantes se rememoran y no traen más que la satisfacción del aprendizaje en medio de la risa. Ha quedado para la historia la médica que estuvo en rotación con la unidad que recorrió incansablemente los laboratorios buscando una máquina centrífuga con luz ultravioleta convencida de su existencia. “Doctor Robledo, nadie tiene ese equipo, pero todos están sorprendidos de que en la CIB posiblemente haya uno”.

Aún hoy un cariño de la doctora Ángela Restrepo lo sobrecoge cuando sigue expresándole por casi cuarenta años con sutileza que se quite la barba, pero ese capítulo hace parte de otra historia que se tejió en el Amazonas durante su año rural. Un viaje de experiencias trascendentales en contacto con la cultura Uitoto, un pueblo indígena que sufrió como ningún otro las consecuencias de la guerra por el caucho en el sur del país. La estadía allí, en las inmediaciones del río Putumayo y Paraná, posibilitó una apertura, otro tipo de sensibilidad con la que contemplar perspectivas diferentes de la medicina desde la ciencia y las prácticas mágico-religiosas. La barba de Robledo, su rasgo físico más característico, hace evidente su presencia mientras camina con paso sereno por las instalaciones de la CIB. Cuando se le contempla de lejos no queda más que advertir que ahí va uno de los nuestros, uno de los tantos que han permanecido con la más digna de las entregas.

Elaborado por: Andrea Martínez

Micología Medica y experimental

Personajes CIB: la Dra. Lula

Es posible concebir la infancia como un campo abonado donde nuestras virtudes crecen silvestres. Cuando retornamos a esos años donde los más nimio no pasa desapercibido y nuestra curiosidad hace valorar cada mínimo suceso, podemos tratar de identificar los signos de una pasión que ha justificado cada segundo de nuestra existencia. Adentrarnos en la historia más íntima de la Dra. Luz Elena Cano, a quien cariñosamente nombramos Dra. Lula, líder del grupo de investigación de Micología médica y experimental, significa volver a la inocencia para advertir que interesarnos en las cosas pequeñas nos ha conducido a grandes cosas. Su interés por la microbiología surgió a los nueve años cuando a su hermano —siendo un estudiante de Medicina—le regalaron un microscopio que venía con placas de tejidos vegetales; su amor se intensificó cuando, a su vez, percibió microorganismos moviéndose en el agua contenida de los floreros de su casa. Un mundo nuevo y complejo en su minúscula belleza. 

La pregunta insistente por cómo un microrganismo podía causar la enfermedad o la muerte de un ser humano fue decisiva para emprender un camino por la ciencia. En 1972 ingresó a la Universidad de Antioquia a estudiar una Técnica de Laboratorio Clínico y a especializarse en Bacteriología y Laboratorio Clínico. Egresó en 1977 y trabajó durante seis meses en el Laboratorio Clínico La Paz revisando rutinariamente los exámenes del Instituto del Tórax. Sin conocer a la CIB y solo escuchando la experiencia de una amiga que trabajaba en su momento con la Dra. Ángela Restrepo, decidió tocar puertas para garantizarse una experiencia más pasional en su ejercicio profesional. La Dra. Lula se insertó en la historia de la CIB cuando esta se encontraba en un periodo de transición entre finales de 1977 y principios de 1978, justo cuando nuestra incipiente corporación había dejado de operar en el Laboratorio Departamental para laborar en el octavo piso del Hospital Pablo Tobón Uribe. 

“Creo que la Dra. Ángela Restrepo, que había sido mi profesora en la universidad, me puso a prueba durante el primer proyecto que duró alrededor de dos años. Tenía que definir cuál era el método de digestión de esputos para recuperar hongos y definir cuáles eran los medios de cultivo ¡El material para trabajar era impresionante! Tenía que probar tres sistemas de digestión y seis medios de cultivo con cinco hongos distintos”, recuerda la Dra. Lula. En el Laboratorio Departamental le recogían todas las muestras que eran negativas para tuberculosis, debía introducirlas en una licuadora hasta tener homogenizado todo para, posteriormente, repartirlas en tubos. De este trabajo que evidenció su compromiso con la investigación, salió su primera publicación, un método que hasta hoy tiene vigencia. De allí en adelante la historia de la Dra. 

Lula tuvo como escenario vital los laboratorios de la CIB, de esta primera experiencia surgieron más proyectos liderados por la Dra. Ángela Restrepo y, luego, por la Dra. Lula; cuando en febrero de 1991 se le otorgó una beca para estudiar durante cinco años en la ciudad de São Paulo, Brasil. Del viaje, irrumpe en su memoria un patólogo, muy famoso del país, que alguna vez le dictó clases y que en algún momento le dejó como legado la definición más precisa de su personalidad: “Usted tiene alma de poeta y sensibilidad de músico”, un mensaje que la acompaña todos los días en su escritorio de trabajo. 

“Siempre he encontrado un por qué y un para qué, no ha habido un solo día perdido en la CIB”, expresa la Dra. Lula, cuyo sobrenombre nos inquieta como si fuera una historia que nos adeudara desde hace mucho tiempo, pero que es más sencilla de lo que pensamos: siendo la quinta de siete hijos recibió el apodo por parte de su hermano menor, quien apenas pronunciaba sus primeras palabras. Muchos de los estudiantes han llegado a la oficina de la Dra. Lula preguntando por “una tal Luz Elena” y hasta ella se sorprende, pues no está acostumbrada a la formalidad de su nombre que a veces percibe en “forma de regaño”. Si quisiéramos develar un secreto de la doctora, dejamos plasmado aquí que ama las mariposas, que le sorprende el proceso de metamorfosis y lo concibe como una metáfora cuyo significado es trascendentalmente humano: “A veces veo una persona, creo una imagen parcializada y la dejo estática, pero una persona se puede transformar en su interior para develarnos cosas maravillosas”.

Elaborado por: Andrea Martínez

Aromáticas y Remediación: aceites esenciales cosechados en suelos mineros.

Este proyecto, liderado por La Universidad de La Pampa y la Corporación para Investigaciones Biológicas (CIB), propone utilizar estrategias innovadoras de agricultura para remediar suelos contaminados por la minería, mediante el cultivo de aromáticas que luego sean utilizadas para la extracción de aceites esenciales y la producción de bioinsumos y cosméticos.

Colombia es el principal productor de carbón a cielo abierto en América Latina y el undécimo en el mundo. Sin embargo, su explotación es una actividad que afecta drásticamente el paisaje, contaminando vertientes hídricas y alterando el suelo y su cobertura vegetal. En la Guajira y el Cesar están asentadas las explotaciones que generan la mayor producción del país, las cuales han introducido alteraciones en el paisaje, nuevas formas de vida y cambios en la economía de la región. Este proyecto pretende implementar estrategias biotecnológicas que contribuyan a la rehabilitación de suelos carboníferos en estos departamentos.

Los indígenas Kankuamos han utilizado plantas aromáticas para cosechar aceites esenciales por décadas y algunas de estas plantas están reportadas en la literatura como especies fitoremediadoras de suelos (que pueden extraer metales pesados o descontaminar el suelo). Esta iniciativa plantea la rizorestauración, es decir, la restauración del suelo a través de las raíces de las plantas, de las áreas contaminadas usando plantas aromáticas y la obtención de aceites esenciales que pueden ser comercializados para fortalecer a los pequeños productores y a la economía regional. Para lograrlo, el grupo de investigación de Biología Comparativa de la CIB realizará estudios metagenómicos del suelo* para entender el rol de la diversidad microbiana durante el proceso de fitorremediación; además de identificar posibles microorganismos con potencial en bioprospección.

El propósito general es instaurar sistemas productivos con la especie aromática Cymbopogon citratus, conocida también como limoncillo o limonaria, rehabilitando suelos mineros y generando activación de las microeconomías locales. El cultivo de esta especie se quiere complementar con la adición de enmiendas y biofertilizantes con dos propósitos primordiales: acelerar la recuperación de los suelos mineros y promover su crecimiento.

Se espera obtener un artículo científico del monitoreo de la dinámica del microbioma del suelo publicado en una revista indexada internacional. También se espera obtener un artículo explicando el mecanismo mediante el cual las plantas aromáticas usadas en la fitorremediación procesan los metales pesados del suelo, el estudio se realizará en microcosmos.

Hasta el momento, se estableció el protocolo de muestreo de suelo y se tienen las muestras de la primera de dos salidas de campo que se van a realizar en el proyecto; también se avanzó en el desarrollo de los flujos de trabajo que se usarán para el análisis de los datos después de la secuenciación de ADN. Del módulo de monitoreo de dinámica del microbioma durante la restauración, ya se realizó un muestreo representativo de las áreas de estudio y con la colaboración de los investigadores de la Fundación Universitaria del Área Andina, una de las entidades patrocinadoras del proyecto, se hizo la evaluación de las características físicas de las muestras y del análisis químico, del cual aún no se tienen los resultados, pero se sabe que el
suelo presenta las condiciones esenciales para que el proceso de restauración física se dé de manera exitosa.

Se espera obtener un artículo científico del monitoreo de la dinámica del microbioma del suelo publicado en una revista indexada internacional. También se espera obtener un artículo explicando el mecanismo mediante el cual las plantas aromáticas usadas en la fitorremediación procesan los metales pesados del suelo, el estudio se realizará en microcosmos.

Fontagro concentra una red de investigadores, científicos y profesionales que, a través de la investigación, la tecnología, la innovación y los enfoques integrales y participativos, promueve resultados concretos con alto impacto social y económico en las familias de agricultores de América Latina y el Caribe. Esta iniciativa además es financiada por la Universidad Nacional de La Pampa, la Universidad de Santander, Agrosavia, Rocío de Miel, Asoprokan y la CIB y apoyada por el Conicet, el Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria y el Ministerio de Agricultura de Argentina. El equipo está integrado por algunos de los más sobresalientes investigadores de nuestra Corporación: Tatiana Arias, Jorge Mario Muñoz, Juliana Arcila y Mailén Ortega.

Mayor información: aromaticasyremediacion.com.ar
*Análisis moleculares que le permiten identificar bacterias y hongos utilizando un código de barras para posteriormente hacer análisis de estructura de las comunidades.

¿Cómo va la investigación clínica en nuestro país este año?

Investigaciones Biológicas, entidad adscrita a la Asociación Colombiana de Centros de Investigación Clínica (ACIC), reproduce uno de los artículos del más reciente boletín de ACIC sobre la investigación clínica en Colombia.


En el último reporte del Invima, encontramos que la entidad regulatoria ha estudiado, desde enero a junio del presente año, 57 protocolos de investigación clínica con los siguientes resultados:

  • La agencia ha aprobado 18 EC.
  • Actualmente se encuentran requeridos 22 EC.
  • 14 EC están en evaluación.
  • 3 EC han sido desistidos.

Cabe mencionar que de estos 57 EC, 11 fueron radicados a finales del año pasado y no alcanzaron a ser revisados en el 2017. Este dato es muy interesante porque nos permite evaluar los tiempos regulatorios sin temor a equivocarnos. Como sabemos que estos 11 protocolos fueron ingresados a revisión a comienzos del 2018, y contamos con las fechas de resolución del INVIMA en que fueron aprobados, rechazados o desistidos, podemos calcular cuánto tiempo se tomó la agencia en dar su veredicto. Así, 1 fue aprobado en 4 meses, 7 en 5 meses (aprobación en el 72% de los casos), 2 fueron desistidos a los 6 meses de radicados y solo 1 continuaba pendiente por requerimientos. Estos tiempos nos colocan entre Argentina y Brasil y muy lejos de España, Suecia, Noruega e Inglaterra. Desde luego no es posible extrapolar estos resultados a la realidad cotidiana del INVIMA pues desconocemos su desempeño con los restantes 46 estudios clínicos radicados este año. Pero aunque estamos lejos de contar con los tiempos regulatorios competitivos de Europa o Norteamérica, estos resultados son mejores que en años anteriores.

La situación de los 46 EC radicados este año en el INVIMA, según el registro a junio del presente año, es la siguiente:

  • Aprobados: 10
  • Actualmente requeridos: 21
  • En evaluación: 14
  • Desistidos: 1.

¿Quiénes patrocinan la investigación clínica en Colombia?

Los 57 EC radicados en nuestro país corresponden a 22 patrocinadores. MSD es la casa farmacéutica que patrocina más EC en Colombia con 11 protocolos radicados en los 6 primeros meses del año. Le siguen Novartis (6), Abbvie (6), Shire Human Genetic (6), BMS (6) y Mallinckrodt (4) y Roche (4). Los demás participantes aportaron 1 EC cada uno. Solamente MSD, Roche, Abbvie y BMS radicaron estudios sin el apoyo de CROs, aunque BMS contrató a una CRO para 2 de sus 6 ensayos.

En Colombia radicaron ensayos en el INVIMA 11 CROs. La CRO con más EC radicados fue Parexel con 8, seguida de Quintiles (hoy IQVIA) con 6, PPD con 5, PRA e ICON con 3 cada una y Resolution LA con 2. De los 18 EC que están activos según el último registro del INVIMA, en 10 están involucradas CROs. Los 8 restantes provienen de las casas farmacéuticas que desarrollan su investigación directamente. Los tiempos regulatorios aún están distantes de los observados en los países líderes de la IC en Europa y Norteamérica. MSD es la casa farmacéutica que patrocina más EC en Colombia con 11 protocolos radicados en los 6 primeros meses del año.

¿En cuáles patologías se centran los EC actualmente?

La investigación clínica que está llegando al país corresponde en su gran mayoría a enfermedades crónicas. Casi siempre está dirigida a poblaciones particulares, con condiciones específicas perfectamente definidas, subclasificaciones únicas y estadios muy precisos.

Estas características de los estudios actuales focalizan la investigación en poblaciones de nicho, con pocos pacientes pero muy complejos y de difícil consecución. El mayor número de estudios clínicos se observa en enfermedades neoplásicas (15) con énfasis en Ca de pulmón (5), piel (4), tracto digestivo (2) y sistema reproductor femenino (2).

Le siguen los EC en enfermedades gastrointestinales no malignas (10) como enfermedad de Crohn (7) y colitis ulcerativa (3), enfermedades infecciosas (8), enfermedades neurológicas y psiquiátricas (7), enfermedades respiratorias no malignas (7) y enfermedades reumáticas (6).

La mayoría de los nuevos estudios tienen que ver con intervenciones con anticuerpos monoclonales u otras alternativas biológicas.

Conclusiones:

  1. Se observa un ligero aumento de EC este año con respecto al pasado, y de continuar esta tendencia tendremos al final del año un desempeño moderadamente superior a la media de los últimos 10 años.
  2. Además de las casas farmacéuticas “tradicionales” en investigación clínica, están llegando al país ensayos de nuevas empresas, algunas de las cuales ni siquiera están afincadas comercialmente en Colombia.
  3. Cada vez es más evidente que la investigación clínica se ha ido enfocando hacia “patologías de nicho”, que buscan intervenir a pacientes muy seleccionados y de exigente consecución.
  4. Casas farmacéuticas como MSD, Roche, BMS, Novartis y Abbvie están empujando positivamente la investigación clínica del país, trayendo más investigación proveniente de sus casas matrices. De los esfuerzos más impactantes por atraer nuevos ensayos, el mejor es aquel que proviene de los laboratorios de investigación con representación en Colombia.
  5. Los tiempos regulatorios muestran una tendencia favorable, aunque el número de requerimientos descompensa este balance positivo.
  6. Las nuevas guías del INVIMA fueron el resultado de un claro interés de nuestra agencia reguladora por mejorar los procesos en toda la cadena y reducir los tiempos regulatorios. El hecho de haber permitido la intervención de otros eslabones de la cadena de investigación en su preparación y desarrollo, es un gran paso para bien de la investigación clínica nacional, y una promesa tácita de que vendrán tiempos mejores.

CIB recibe recertificación en ISO 9001:2015

¡Estamos muy orgullosos! Recibimos la recertificación en la norma ISO 9001:2015 del Icontec. Esta certificación indica que nuestros procesos de investigación, de servicios diagnósticos de alta complejidad y los editoriales cumplen con altos estándares de calidad.